Matías Quirini, especialista en mercado laboral, evalúa el proyecto de reforma laboral que vuelve al Senado con cambios, viéndolo como un paso indispensable aunque pequeño, con vaso medio lleno o vacío según la perspectiva. Se destacan aspectos positivos como la mayor previsibilidad en indemnizaciones para pymes, reduciendo la base al quitar adicionales como vacaciones y premios, permitiendo pagos en cuotas y un nuevo fondo de asistencia laboral financiado con contribuciones patronales del 2%. Félix Selonigro critica que no es ni modernizadora ni regresiva, pero señala problemas como la eliminación de multas por trabajo en negro, acuerdos desiguales y pago en especie.
Quirini enfatiza que la reforma busca blanquear la informalidad afectando a dos millones de trabajadores sin derechos, incentivando a empleadores a formalizar con mayor certeza en juicios laborales y reducción de incertidumbre. Según él, es positivo para empleadores al bajar barreras a la contratación, aunque el trabajador podría recibir menos en indemnizaciones al finalizar la relación laboral. Se discute si vulnera derechos o acomoda el esquema para beneficio mutuo, con gremios vistos como más interesados en sus cajas que en defensa real.
Quirini concluye que la ley incentiva la formalización al otorgar derechos básicos a informales, en un contexto de 30 años sin avances significativos por gobiernos de todos los signos. Menciona temas pendientes como derogar la ley de teletrabajo, que afecta al 90% de empresas con esquemas híbridos, y la educación vinculada al trabajo. Ve el avance como positivo pero incompleto, con mucho por corregir en un mercado que no genera empleo privado hace 10 años.
El debate resalta que el oficialismo no explica bien los beneficios para trabajadores, mientras la oposición lo tilda de regresivo, pero Quirini lo considera un primer paso necesario hacia la modernización, aunque falten prioridades como costos de contratación y estatutos profesionales.