El lago Chungará, el más alto no navegable del mundo en el altiplano chileno, enfrenta una tragedia ambiental tras un accidente de tránsito en noviembre de 2025. Un camión boliviano volcó y derramó más de 20 mil litros de aceite de soya, afectando aves, vegetación, peces en peligro de extinción y comunidades locales como las de Ajata que pastorean en el bosque de Malpaso.
Voluntarios de la Fundación Acapache, liderados por Natalia, presidenta de la organización, y Sebastián Vidal, llegaron al sitio encontrando un panorama dantesco con aves como cormoranes incapaces de moverse o alimentarse. Aunque se rescataron decenas, la mayoría murieron pese a ser trasladadas al Servicio Agrícola y Ganadero. Los esfuerzos iniciales con palas y baldes fallaron ante las gélidas temperaturas que gelificaron el aceite, penetrando en los bofedales.
La Corporación Nacional Forestal (CONAF) califica el incidente como una tragedia de gran magnitud, destacando la necesidad de equipos especializados. A pesar de retirar un porcentaje significativo, filtros aún impiden la diseminación y el aceite persiste en sedimentos del fondo, alterando procesos vitales como la fotosíntesis y el intercambio de oxígeno. Expertos como Adriana Aránguil advierten de daños irreversibles en el rosedal, que actúa como esponja natural, y en la interfaz sedimento-agua.
El trasfondo revela riesgos crónicos en la ruta CAC-11, con accidentes por exceso de velocidad y fatiga de conductores bolivianos pagados por viaje. Comunidades locales viven en incertidumbre, rogando por evitar nuevos derrames. Propuestas incluyen reactivar el ferrocarril Arica-Oruro y instalar reductores de velocidad, mientras se esperan precipitaciones del invierno altiplánico para una posible limpieza natural.