En Lothusekula, Estonia, una comunidad llamada aldea de la esperanza ofrece rehabilitación a adictos mediante vida sana, deporte y fe cristiana. Fundada en 2000 por un obispo pentecostal, ha ayudado a más de mil personas, incluyendo exreclusos por tráfico, robo y asesinato, a través de un programa de 10-12 meses sin drogas, alcohol ni tabaco. La mayoría de los residentes tienen antecedentes penales y llegan directamente desde prisión como parte de programas de reintegración, con algunos liberados antes de tiempo bajo supervisión.
Jan Marti, de 18 años, llegó hace dos meses tras traficar marihuana desde los 16. El día inicia a las seis con abrazos y charlas entre pares que comparten experiencias de adicción. Todos son amables y cariñosos porque están sobrios, contrastando con su comportamiento bajo influencia. Antes del desayuno, estudian la Biblia en la casa comunitaria, donde la fe cristiana es la base de su nueva vida, con lecturas en varios idiomas dada la diversidad internacional de la comunidad.
Raymond Cook, pastor y director de Lotusekula, llegó hace 14 años para superar su propia adicción y enfatiza el respeto y aceptación de los residentes tal como son, incluso los más endurecidos por años de prisión y crímenes graves. Busca empatizar y descubrir su verdadero yo detrás de la fachada criminal. En Estonia, la tasa de muertes por drogas es alta, con unas 100 personas al año, mayoritariamente menores de 40, y 3.000 delitos relacionados, 40% de reclusos por adicción.
Jan Marti narra su sobredosis en una fiesta con cocaína y alcohol, donde pensó que moriría, y el impacto al ver a su madre llorando al llegar a casa, lo que lo llevó a prometer cambiar. Ahora trabaja en el aserradero de la aldea junto a casi 30 hombres, clasificando madera y construyendo casas con donaciones privadas y subvenciones gubernamentales. Para muchos, es su primer trabajo real. Los sábados disfrutan de la sauna y baño en agua helada a 15 grados bajo cero.
Dos meses después, Jan recibe la visita de su madre, marcando el fin de la primera fase del programa, y expresa alegría por reconectar tras la separación. Planea hacer servicio militar, aprender una profesión para ayudar a jóvenes y nunca volver a consumir drogas.