El segmento explora las amenazas del cambio climático, como el aumento del nivel del mar que afecta al 75% de la población mundial, inundando atolones en Maldivas y Polinesia con tormentas mínimas. Ejemplos incluyen el huracán Sandy en Nueva York en 2012, donde el agua inundó Manhattan durante semanas. Se presenta la idea de ciudades flotantes como solución innovadora para adaptarse, viviendo sobre la superficie del agua y ajustándose a las mareas. La fascinación por el mar ha evolucionado hacia propuestas prácticas para mitigar desastres como tsunamis.
Se enfatiza la simbiosis entre ciudades terrestres y acuáticas, donde los residuos de las terrestres se convierten en recursos para las flotantes, como nutrientes de aguas residuales. En Rotterdam, el proyecto Blue City transforma un estanque en un centro de startups para la economía circular. Mariana Kuiperz investiga el uso de algas para crear Seagood, paneles de construcción similares a la madera hechos de algas marinas y residuos agrícolas, rígidos y ecológicos. Además, una granja floresta en Rotterdam reutiliza desechos de cervecerías y panaderías para alimentar vacas, produciendo leche, yogur y queso en pisos superiores.
Países como Singapur, Japón y Corea, que importan más del 90% de sus alimentos y están rodeados de agua, podrían beneficiarse de granjas flotantes para generar alimentos localmente, reduciendo transporte y desperdicio. En Italia, Nemus Garden es el primer invernadero submarino, una cúpula de plástico sumergida llena de aire que usa evaporación del mar para generar lluvia dulce destilada, nutrientes añadidos y luz solar. Cultiva fresas, calabazas y frijoles en sustrato de fibra de coco o residuos orgánicos, sin necesidad de suelo, calefacción o aire acondicionado, gracias a la estabilidad térmica del agua.
Las cúpulas de metacrilato son reutilizables y, aunque inicialmente más caras, buscan sostenibilidad a largo plazo. El invernadero desaliniza agua de mar para consumo propio, abordando la escasez de agua potable. Se presenta una idea innovadora de desalinización ecológica usando energía de las olas en Córcega: en lugar de combustibles fósiles y bombas de alta presión que generan salmuera tóxica, un sistema flotante anclado al fondo marino opera autónomamente con el movimiento del agua, filtrando sal sin dañar la vida marina.