El cierre de la planta de Fate en la zona norte del Gran Buenos Aires genera una noche caliente de debates sobre despidos masivos de 920 trabajadores, evocando conflictos históricos como los de Kraft, Lear y Bridgestone. Se cuestiona si la decisión fue intencional para coincidir con el Día D de la reforma laboral, aunque el presidente Javier Milei lo desmiente en redes, y se revela un proceso preventivo de crisis planeado hace tiempo. El sindicato de neumáticos denuncia prácticas antisindicales, mientras bloqueos y protestas escalan en la región.
La discusión profundiza en los precios de los neumáticos, que bajaron un 43% gracias a la reducción de aranceles de importación del 35% al 16%, impulsando un aumento del 36% en las importaciones, principalmente de China donde los costos FOB son de 10-11 dólares frente a 30-35 dólares de producción local en Fate. Comparaciones regionales muestran que Argentina mantiene precios altos: 259 dólares por cuatro neumáticos, versus 91 dólares en Chile, 200 en México y 244 en Uruguay, destacando la ineficiencia histórica oculta por la inflación y proteccionismo.
El impacto laboral es central, con 65.000 puestos perdidos en la industria según la UIA, un 5% del total de 2023, afectando cadenas productivas como automotor y tractores. Se debate el modelo de país: el gobierno prioriza precios bajos para 44 millones de argentinos sobre un modelo industrial proteccionista, generando tensiones entre sectores ganadores como minería y energía (con inversión de 7.100 millones en cobre) y perdedores como la manufactura, donde el crecimiento no absorbe el desempleo y aumenta la informalidad.
En contexto histórico, se muestra un clip de Javier Madanes Quintanilla inaugurando una ampliación de Fate en 2011 junto a Cristina Fernández de Kirchner, bajo un régimen donde invertir era obligatorio para acceder a dólares de importación/exportación, ilustrando cómo el proteccionismo forzado contrastaba con la apertura actual que hace inviable la producción local frente a competidores globales.