El debate continúa sobre el cierre de la fábrica FATE en San Fernando, donde 920 trabajadores quedan desamparados tras décadas de lealtad a la empresa. Los panelistas critican duramente al empresario Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y Aluar, por descartar a sus empleados ante la primera crisis, echando la culpa al gobierno en lugar de buscar reconversión. Se destaca que la empresa prosperó durante 80 años gracias a protecciones estatales, subsidios y restricciones a importaciones, especialmente de China, permitiendo precios altos para los consumidores argentinos.
Se menciona que Madanes Quintanilla, una de las 20 fortunas de Argentina según Forbes, se benefició de gobiernos peronistas como los de Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa, recibiendo apoyo para expansiones y manteniendo precios de energía subsidiados. En contraste, durante los gobiernos de Mauricio Macri y ahora Javier Milei, enfrentó problemas, culminando en el cierre. Los conductores cuestionan la falta de creatividad para reconvertir la planta o dialogar con los trabajadores, optando por un oportunismo que culpa exclusivamente al Estado.
Entrevistas con ex-empleados revelan el impacto emocional: un padre de familia adolescente lucha por explicar a sus hijas que perdió su empleo, deseando que ellas eviten ser operarios como él. Hace un año y medio, la empresa intentó un preventivo de crisis rechazado por el Ministerio de Trabajo, alegando pérdidas no demostradas, con balances positivos de más de 90 millones de dólares en los últimos tres años. El sindicato destaca que llevan 14 meses sin aumento salarial, sorprendidos por el cierre en medio de discusiones paritarias.
El panel contrasta dos modelos económicos en pugna: el industrialismo protegido, criticado por generar empleos precarios y precios elevados, versus la apertura de mercados que prioriza la industria del conocimiento y servicios. Se enfatiza que los consumidores pagaron neumáticos caros mientras los trabajadores protestaban por bajos salarios, y ahora el empresario los despide sin alternativas, defendiendo un gobierno que no salva empresas fallidas.