La turista Sofía, de 23 años, falleció mientras practicaba buceo en Puerto Madryn a 26 metros de profundidad, según reveló la autopsia que apunta a un episodio de pánico donde perdió el control de su cabeza y largó el regulador, impidiendo la respiración adecuada. El incidente ocurrió durante un examen para obtener la certificación de segundo nivel Advanced Open Water, que habilita buceos hasta 30 metros, pese a que su primer nivel la limitaba a 18 metros internacionalmente y 15 según la Prefectura.
En una entrevista con Guillermo, director de la Escuela Nacional de Buceo, se explica que el regulador principal y el de emergencia, de color llamativo, proveen aire comprimido desde el cilindro, pero Sofía no pudo usarlo tras entrar en pánico. Puerto Madryn cuenta con un parque de buceo seguro y popular, pero este caso fatal resalta errores como una preparación insuficiente, con cursos cada vez más livianos que reducen clases teóricas y prácticas de ocho cada una a solo un día en destinos turísticos.
El período de acuatización, clave para adaptar al buceador al equipo y la respiración subacuática, parece haber sido deficiente en este examen supervisado. Guillermo critica el sistema general de buceo por su falta de exigencia, enfatizando que una buena asistencia por instructores podría haber controlado la situación. A pesar de los riesgos, el buceo es una actividad mayormente segura cuando se siguen protocolos estrictos.