Un hombre viudo entra a Leiva Joyas para tasar dos relojes Rolex, uno suyo de hombre y otro de su fallecida esposa, con valor sentimental. Necesita el dinero para avanzar en la construcción de un terreno heredado de un tío hace 12 años, ya que enfrenta problemas económicos para comprar materiales.
El tasador examina el Rolex Quartz de hombre con bisel estriado de oro, calendario y malla con algo de uso, pero en buen estado. El de dama tiene malla Oyster, bisel de oro, cuadrante personalizado con chispas de diamante y malla algo estirada, también en buen estado general.
Ofrecen un millón ochocientos veinte mil pesos, cantidad que el hombre considera ideal para darle un empujón a la obra. Sale conforme con la atención amable y la cotización, recomendada por un amigo, destacando la confianza en el lugar.