El peor de los ejemplos: tres mujeres entraron a un supermercado con una menor, robando productos de limpieza y aseo personal valorados en bastante dinero, escondiéndolos en la mochila de la nena para evadir controles.
Las dos mujeres principales distraen mientras la tercera simula cuidar a la menor, quien naturaliza el acto al estar con su mamá o familiar. La nena se da vuelta y recibe los objetos robados en su mochila, pensando que todo está bien en esta vergüenza que involucra shampoos de primera marca, productos para piojos y artículos costosos como uno de 8.000 o 9.000 pesos, convirtiendo a la niña en una futura delincuente en lugar de estar en la escuela.
El grupo actúa como un comando organizado, con una tercera mujer fingiendo ser clienta, sumándose y alejándose para no levantar sospechas, mientras la nena carga todo sin cuestionar, proyectando un futuro de naturalización del delito que podría llevarla a ayudar en robos como adolescente.
Las cámaras captaron el accionar sospechoso al salir, pero no las detuvieron en el momento; viralizaron el video para alertar a otros comercios, ya que sin monitoreo constante como en supermercados chinos, siguen sueltas robando en otros lugares, dejando una lección trágica sobre el mal ejemplo a los niños.