Los 920 trabajadores despedidos de FATE pasan otra noche en el predio de Virreyes, dentro y fuera de la fábrica, acompañados por familias, partidos de izquierda y sindicatos en apoyo a su lucha contra el cierre. El gobierno dictó conciliación obligatoria, pero los dueños alegan que no están dadas las condiciones para reanudar labores.
Los del turno mañana se presentaron el viernes para trabajar respetando la orden judicial, pero no pudieron ingresar; planean actividades el fin de semana para sumar al barrio y el lunes evaluar una marcha a la Secretaría de Trabajo.
El tono solidario destaca la resistencia y el apoyo comunitario, criticando implícitamente la postura empresaria en medio del conflicto.