El programa presenta la historia de la separación de Ricardo Diotto y María Fernanda Callejón, enfocándose en la venta de su casa en un barrio privado debido a deudas acumuladas por un crédito hipotecario. La casa, que Callejón quería conservar para su hija y mantener su nivel de vida, escuela y amigos, se vendió para saldar la deuda generada por cuotas impagas, principalmente por Diotto, lo que acumuló intereses y llevó a un litigio bancario. Diotto argumenta que priorizó los intereses de la hija en educación y economía, sugiriendo que vender antes habría dejado más dinero y una mejor propiedad en la capital.
El panel discute si este caso pertenece a espectáculos, judiciales o policiales, destacando la preocupación de Callejón por el bienestar de su hija, incluyendo un contrato de confidencialidad. Se menciona que la deuda supera los 18 meses, entrando en litigio con el banco y posibles embargos. Diotto tenía otra propiedad y Callejón ingresos y una camioneta, pero el banco acelera acciones por impagos. Diotto no pagó intencionalmente para forzar la venta, proponiendo achicar y comprar algo más accesible, mientras Callejón quería quedarse con la casa.
Avanzó el tiempo un año y medio, generando una deuda grande que ambos perdieron. En medio, Diotto inauguró un consultorio exclusivo, lo que Callejón cuestionó frente a la incapacidad de pagar cuotas. La casa, de una sola planta en barrio privado normal, tiene pileta, deck y pasto, con terreno de 600 metros cuadrados, no una mansión de lujo como Nordelta, pero con gastos altos. El crédito era UVA con sistema francés, y se explica que los primeros pagos son intereses altos.
El debate resalta que en divorcios se dividen bienes, y Diotto correspondía la mitad, pero decidió no pagar para no habitar allí con la hija viviendo. Callejón pagó sus cuotas, aunque a veces con retrasos en expensas. Se enfatiza reformular planes familiares post-separación, enfocando en hijos, pero con engaños y tensiones económicas. La venta fue inevitable para evitar más pérdidas.