En Washington se lleva adelante un juicio oral y público a Mark Zuckerberg por adicción a las redes sociales. Una usuaria representa agrupaciones de denuncias, afirmando que desde los 11 años usando Instagram desarrolló comportamientos adictivos que derivaron en problemas psicológicos.
Este caso histórico destaca cómo las plataformas de Meta afectan a los jóvenes, generando consecuencias graves por uso excesivo. Zuckerberg se defiende culpando a los usuarios por mentir sobre su edad y a los adultos por darles acceso a la tecnología a los menores. Reconoce que costó detectar cuentas de menores de edad.
La defensa de la usuaria alega que Instagram sabía de 4 millones de cuentas de menores de 13 años, el límite de edad en ese momento, y lo ignoró. Documentos muestran que desarrollaron algoritmos adrede para retener usuarios y generar adicción, ignorando impactos en la salud mental de los jóvenes.
El juicio obliga a demostrar si las redes no están diseñadas para causar adicción y si las consecuencias en la salud mental de menores son responsabilidad de las plataformas. Se cuestiona la legislación sobre redes sociales y el rol de los estados en su control.