El FMI monitorea la situación económica y humanitaria en Venezuela, describiéndola como precaria y frágil durante esta transición. Aunque suspendió relaciones con Caracas en 2019, sigue observando la evolución, destacando pobreza elevada, desigualdad marcada y escasez generalizada de servicios básicos.
La portavoz Juli Kosac señaló estos problemas en el contexto de una economía con deuda pública estimada en 180% del PBI, sin incluir sentencias pendientes. El organismo mantiene conversaciones con autoridades venezolanas pese a la distancia institucional.
El informe subraya la vulnerabilidad humanitaria, con énfasis en la necesidad de atención a la crisis económica persistente en el país.