En la Escuela Superior de Gendarmería, un paquete explosivo detonó en manos del comandante mayor retirado Diego Gasparuti mientras visitaba a ex camaradas, hiriendo también al actual director comandante mayor Morillo. El incidente ocurrió en el piso 11 del edificio, donde Gasparuti abrió el paquete durante una charla, uno de tres que habían estado allí por meses (cuatro y seis meses). No hubo medidas de seguridad como detectores de metal o perros ad.
La discusión en el programa destaca la laxitud en la seguridad del edificio, ubicado cerca del Sentinela en Buenos Aires, cuestionando la vulnerabilidad de instituciones clave. Se menciona que el paquete casi se abre al llegar, pero explotó en la oficina del director. Hipótesis apuntan a grupos anarquistas marginales, con antecedentes como el atentado en la tumba de Ramón Falcón en Recoleta en 2019, donde un perpetrador perdió dedos. Estos grupos son minoritarios, foquistas, y actúan al margen de organizaciones sociales, posiblemente con vínculos en Chile.
El atentado resalta la necesidad de inversión en inteligencia y seguridad, en un contexto de protestas ruidosas y extremas contra medidas del gobierno de Javier Milei, como las de la semana pasada en Plaza de Mayo con molotovs y morteros. Se critica la SIDE histórica por espionaje a opositores bajo Néstor Kirchner y César Milani, abogando por transparencia en la AFI y objetivos geopolíticos. Fuentes gubernamentales confirman dedicación total al caso, con Patricia Bullrich involucrada.
El incidente se enmarca en tensiones sociales y avances legislativos del gobierno, como la reforma laboral y penal juvenil, que se prevé aprobar esta semana, envalentonando a Milei para su discurso del 1 de marzo. Se discute la estrategia de 'inundar la cancha' con proyectos para saturar la agenda opositora, incluyendo reformas tributaria y de glaciares, mientras la oposición busca contrarrestar con demandas sobre empleo e inseguridad.