El presidente Donald Trump inauguró la primera reunión de su Junta de Paz, enfocada inicialmente en Gaza tras un alto al fuego negociado con Qatar y Egipto que puso fin a dos años de guerra devastadora. La ceremonia fue una autofelicitación por iniciativas en ocho conflictos, con EE.UU. contribuyendo 10.000 millones de dólares para reconstrucción y desarme de Hamas, cuyo ataque del 7 de octubre de 2023 desencadenó la ofensiva israelí. Líderes como Javier Milei de Argentina y Santiago Peña de Paraguay asistieron, con Argentina ofreciendo cascos blancos y trayectoria en operaciones de paz.
La Junta, lanzada en Washington con representantes de más de 40 países, compite con Naciones Unidas al promover cooperación soberana regional. Trump se autonombró presidente vitalicio, anunciando aportes de países del Golfo como 7.000 millones de dólares adicionales, y despliegue de tropas de Egipto, Jordania, Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania para estabilización. Ausentes aliados clave como Francia y Alemania, pero presentes figuras controvertidas como Netanyahu, Lukashenko, Putin y Zelensky, pese a la guerra Rusia-Ucrania.
El proyecto se amplió más allá de Gaza, con un borrador de estatuto para conflictos globales y membresía permanente costando mil millones de dólares. Invitados 60 países, pero solo 27 miembros reales, con rechazos de Canadá (invitación retirada), Arabia Saudita (se sumará después), Turquía, Indonesia y el Papa León, quien respalda la ONU. Trump niega reemplazar la ONU, criticando su ineficiencia, pero hay temores de que sea un club de ricos imponiendo paz.
En entrevista con José Díaz Briceño desde Washington, se cuestiona la legitimidad por la presidencia vitalicia de Trump y ausencia de representación palestina, contrastando con la ONU de 193 miembros. La relación es ambigua: mandato inicial limitado a Gaza hasta 2027, pero ambiciones mayores generan críticas por falta de representatividad y posible interferencia con resoluciones de la ONU, especialmente en Europa.