Los panelistas critican duramente la judicialización de la reforma laboral, con insultos como "hijo de Remil puta" y referencias a celebrar el cáncer de alguien, posiblemente aludiendo a Milei. Se destaca la falta de empatía y se agradece a la provincia de Buenos Aires y al ministro Nicolás Kreplak, mientras se cuestiona el peronismo por no ser empático.
El debate se intensifica al comparar el peronismo con el radicalismo en declive, separando peronismo de kirchnerismo, con escrachamientos a legisladores peronistas que votaron la reforma. Se afirma que el peronismo está terminado, sin futuro, solo pasado, y se lo equipara a regímenes fascistas como Hitler y Mussolini, alegando que Perón era hijo de ellos y trajo nazis a Argentina.
Se menciona la ley laboral de 1974 del peronismo aplicada por los milicos, centros de detención como la Gestapo en Vicente López, y financiamiento nazi a la campaña de Juan Domingo Perón. Los panelistas insisten en el quiebre cultural y el fin definitivo del peronismo, con un tono agresivo y sensacionalista.
La discusión incluye interrupciones y quejas personales, como la presencia de Chauz, manteniendo la tensión alta sobre el legado peronista y su comparación con dictaduras.