En Cuba, la escasez de combustible obliga a los habitantes a recurrir a energías alternativas, especialmente la solar, para mantener funcionando negocios y electrodomésticos. Sin acceso a combustible para generadores diésel, las personas instalan paneles solares en zonas limitadas por cuestiones económicas, aunque no es viable para todos.
La situación es crítica: apagones frecuentes, escasez de alimentos y estancamiento económico agravan el panorama. Cuba importa la mayor parte de su combustible, lo que la deja vulnerable. Imagina pasar días sin luz; aquí es una realidad constante que pone contra las cuerdas a la población.
Opciones como autos eléctricos son inalcanzables; muchos optan por bicicletas o motos, pero estas también requieren combustible escaso. Esta crisis marca el último desafío para la isla, que enfrenta múltiples situaciones límite en los últimos años.