En una decisión ejemplar, la Corte Suprema de Estados Unidos falló por 6 a 3 contra los aranceles globales impuestos por Donald Trump, limitando el uso excesivo de poderes presidenciales y reaccionando al avance personal del mandatario. El fallo, con dos votos conservadores en contra, afirma que estos aranceles debieron pasar por el Congreso en lugar de invocarse una ley de emergencia inaplicable. Trump impuso estos aranceles usando poderes especiales que no aplicaban, afectando aranceles recíprocos y arbitrarios a varios países, incluyendo motivaciones políticas como contra Brasil por el juicio a Bolsonaro.
El fallo golpea de lleno la Casa Blanca y la política comercial estrella de Trump, viniendo después de varios fallos judiciales a su favor. Se espera impacto económico, posiblemente reembolsos a otros países, mientras Trump se manifestó enojado y prometió seguir aplicando aranceles con otras herramientas, criticando a la Corte. Esto marca límites judiciales a Trump, especialmente con elecciones legislativas de mitad de término este año que podrían traer más frenos desde el Congreso. Aranceles sectoriales como al acero y aluminio, que afectaron a Argentina, no se ven impactados ya que usaron otra ley.
La discusión resalta el personalismo de Trump, peleando con la Reserva Federal, la Corte y periodistas que cuestionan sus medidas, comparándolo con hábitos caudillescas en democracias laxas. En la supuesta democracia más consolidada de Occidente, tras la derrota electoral de Trump, militantes tomaron el Capitolio, mostrando tensiones crecientes con la institucionalidad. Se enfatiza que dictaduras no son solo de izquierda, sino de quienes no apegan a la ley, y este fallo concreto responde a preguntas sobre límites a Trump.