La empresa FATE anuncia acatamiento a la conciliación obligatoria pero condiciona la reapertura de la planta a garantías operativas, mientras empleados mantienen la toma pacífica defendiendo sus puestos. Un cartel en la fachada indica disposición a retomar actividades si se cumplen condiciones, pero trabajadores llegaron con uniformes para ingresar y no recibieron respuestas, dejando a 920 empleados despedidos en incertidumbre.
Leonardo, representante gremial, detalla que la planta está en condiciones normales post-mantenimiento vacacional, con máquinas listas para producción, pero la empresa no fija fecha para reabrir. Los trabajadores acatan la conciliación, con turnos listos para laborar, aunque la permanencia continúa hasta asegurar el ingreso y la producción normal, sin obligarlos a salir por ahora.
El conflicto escaló con publicaciones del presidente atacando al dueño Javier Madanes Quintanilla, convirtiendo a empleados en rehenes de una disputa de egos o intereses. Testimonios revelan angustia familiar: un trabajador con 28 años en la firma ve su único sustento amenazado; generaciones enteras forjaron historias en los 80 años de la empresa, ahora en cierre abrupto que genera bronca y tristeza masiva.
Más allá de los 15 días de conciliación, donde la empresa debe asignar tareas, se negocia un cierre inminente sin marcha atrás, impactando a casi mil familias. Incertidumbre reina mientras la toma persiste pacíficamente, con empleados como segunda casa convertida en campo de batalla laboral.