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Conflicto en Fate escala con conciliación obligatoria mientras importaciones chinas y crisis económica cierran fábricas históricas

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En medio de la tormenta perfecta que azota la industria argentina, el conflicto en Fate se profundiza con la aceptación formal de la conciliación obligatoria por parte de la empresa, pero sin abrir las puertas de la fábrica. Los trabajadores insisten en que las máquinas están listas para retomar la producción, salvo una, y exigen el ingreso inmediato para evitar el cierre definitivo. La empresa alega pérdidas desde 2019, impulsadas por importaciones chinas baratas y baja de ventas, lo que lleva a despidos masivos y retiros voluntarios previos, culminando en esta crisis que deja a mil personas en la calle.

Paralelismos con otros sectores ilustran la gravedad: el consumo per cápita de vino cayó de 90 litros en los 70-80 a solo 15,7 litros hoy, no solo por cambios de hábitos hacia cerveza, sino por la falta de poder adquisitivo que impide compras. Una fábrica histórica de termos, que sobrevivió gobiernos y planes económicos, ahora para su producción y se dedica a importar, reflejando cómo la competencia desleal y la recesión empujan al cierre. En Fate, se retiran máquinas y se desarma el lugar, pese a que durante las vacaciones se preparaban para volver a trabajar.

Legalmente, la conciliación retrotrae la situación: los trabajadores no están despedidos, devengan salarios por 15 días, y cualquier liquidación previa se toma como pago a cuenta, requiriendo ajustes posteriores. Cartas documento y pagos ya realizados generan grises, con algunos usando el dinero para deudas urgentes. La empresa acata formalmente, pero mantiene el candado, sugiriendo que solo gana tiempo sin intención real de negociar, mientras los trabajadores resisten con vallas y presencia constante, exigiendo que rompan el impasse.

Este episodio en Fate ejemplifica la filosofía del gobierno actual: el Estado se desentiende, priorizando la libertad del empresario para cerrar sin intervención, contrastando con visiones que ven en los mil desocupados un problema social que requiere acción estatal. Importaciones y crisis económica se suman a la baja demanda, llevando a cierres inevitables en industrias clave.