Atención al insólito caso de Facundo Alexis Benítez, el comerciante que embistió a motochorros después de que le robaran el celular a punta de pistola el 8 de enero en Caballito, pero ahora enfrenta cargos por tentativa de homicidio con riesgo de hasta 16 años de prisión. El robo ocurrió en Rosario y Cenillosa, donde los ladrones lo amenazaron con un arma, como muestra el video de seguridad. Segundos después, Benítez se topó con ellos nuevamente y los chocó con su camioneta para detenerlos, resultando en la detención de uno de los delincuentes, pero él terminó preso tres días y embargado por 10 millones de pesos, más que los 5 millones del ladrón.
En una entrevista emotiva, Facundo relata su pesadilla: "No puedo dormir, no puedo comer, no puedo pensar en mi vida". Explica que no los persiguió intencionalmente, sino que los encontró por casualidad al volver a casa, y solo quería que pararan para recuperar su celular y recibir ayuda. Llamó al 911 dos veces, pidió ambulancia y se quedó en el lugar pese al shock y al miedo, ya que los motochorros estaban armados y casi le disparan. Su abogado, el doctor Abate, critica la decisión de la jueza Vanessa Pelufo del Juzgado Criminal y Correccional N°63, que procesó a Benítez por tentativa de homicidio agravada, liberó al ladrón con excarcelación y no consideró el contexto de víctima ni el estado de shock.
El doctor Abate denuncia una desproporción absoluta: la víctima enfrenta juicio oral con pena efectiva posible, allanamiento de su casa, secuestro de su auto y embargo doble al del delincuente, quien podría salir con pena en suspenso vía juicio abreviado. Facundo, quiosquero de 28 años en Palermo, llora al contar cómo esta situación amenaza su negocio, su pareja y su libertad: "Quedar preso, perder mi futuro". El panel del programa cuestiona la simetría de derechos entre víctima y victimario, exigiendo que al menos el ladrón permanezca preso hasta juicio, y advierten que esto podría pasarle a cualquiera.
Benítez enfatiza que iba a 20 km/h, sin violar semáforos, y que su acción fue instintiva por desesperación tras casi perder la vida por un teléfono. El caso está apelado ante la Cámara, buscando falta de mérito, pero la cobertura destaca la indignación por un sistema que protege más al delincuente armado que a la víctima que ayudó a capturarlo.