El príncipe Andrés, hermano del rey Carlos y ex miembro de la realeza, fue arrestado por primera vez en la historia moderna de un alto miembro de la familia real, en su cumpleaños 66. La policía de Thames Valley lo detuvo a las 8 de la mañana en Sandringham, donde vive tras ser expulsado de Windsor por el rey, y lo liberó a las 7 de la tarde tras un interrogatorio por sospecha de conducta indebida en la función pública.
La investigación se centra en sus vínculos con Jeffrey Epstein, revelados en filtraciones recientes. Entre 2001 y 2011, Andrés actuó como enviado especial para comercio e inversión del Reino Unido, nombrado por Tony Blair. Documentos muestran que compartió información confidencial del gobierno británico con Epstein para negocios personales, formando un triángulo con el ex embajador británico en EE.UU. que duró casi 25 años. Esto incluye intentos de hacer negocios juntos mientras representaba al gobierno.
El rey Carlos III ha soltado la mano a Andrés, expulsándolo de Windsor y declarando que la justicia debe seguir su curso. La pesquisa determinará si la info era confidencial y si hubo tráfico de influencias. Si culpable, enfrenta graves consecuencias en múltiples países como EE.UU., Inglaterra y Alemania. Comparan su caso con el de Juan Carlos de España, quien recibió 50 millones de los árabes por tráfico de influencias, pero sin lazos con Epstein ni abusos a menores, y con méritos históricos en la transición democrática y el golpe de 1981.
Andrés carece de tales méritos y enfrenta un futuro complicado, con la investigación apenas comenzando. No se imagina avance sin elementos sólidos dada su posición, pero los pecados acumulados de años lo han dejado aislado de los privilegios reales.