La transmisión en vivo continúa la 17ª edición del Festival del Caldén en Nueva Galia, provincia de San Luis, celebrando las tradiciones gauchas en la pampa húmeda argentina. El evento arranca con bienvenidas emotivas que resaltan la historia de Nueva Galia, fundada en 1907 por pioneros franceses en tierras ranqueles, evocando el caldén como símbolo de raíces profundas. Se enfatiza la unión de tropillas entabladas y la grandeza del tradicionalismo, con discursos que honran a figuras como Argentino Luna, Martín Fierro y Alberto Smith, junto a la juventud del folklore que mantiene viva la herencia.
En el palenque número 1, Matías Escobar doma el bonito de Martín Litre con Orquestago, mostrando herencia gaucha y ciencia en el ruedo, mientras en el número 3, Gastón Mario de Chascomús jinetea con estilo en la categoría grupa, abrazando la grupa y pateando con maestría. Carlos Lali en el palenque 2 enfrenta a La Pulpera de Pringles, y David Báñez sube al Don Pedro de José Mutio, un caballo premiado que da premios a Dante Bonetto, con vueltas potentes y escargues arriba que emocionan al público.
Las payadas fluyen con versos que alaban el comportamiento del campo y el bicherío, recordando mandatos heredados del abuelo para mantener vivo el pasado argentino. Nahuel Pellejero observa desde el otro lado, mientras se menciona a Miguel Cerorio y se defienden tradiciones con orgullo panciano. En el palenque 3, Facundo González con la Lavandina de Memo García y Bautista Lali, el más chico de los hermanos campeones con tres coronas, acomodan detalles en el ruedo, evocando historias como la de Juan Bautista Bairoleto en Mendoza.
La jineteada sigue con brío, mancando con desafío y cinche en el cuero, iluminando rutinas que cimbran garrones y defienden la patria. Se cantan milongas a la tierra ancestral de Arbolitos, saludando a Carlitos y Tineo Palleta, mientras el Chulo González de San Alillo, campeón en festivales, arranca campo afuera. El ambiente es de unión campera, con perros viejos sacando buenos cachorros y mancarrones que no acongojan el talento.
Versos como los de Julián Cirilo Castillo resuenan, cabresteando la overa y enlazando con llamarada, en un rancho colorado del sur del Zanau, sellando dos días de viaje con Rufino Taguada de Ayacucho. El festival pulsa con la esencia gaucha, donde el tropicero empuja en la paleta y el hacha se entierra para desparramar tormentas, manteniendo el fuego de las tradiciones vivas.