En un giro trágico, se confirma el hallazgo del cuerpo de Sofía Debris, la joven de 23 años desaparecida durante un buceo en Puerto Madryn. La periodista Joana Pérez Luni informa que el cuerpo fue encontrado por un buque de prefectura en Punta Cuevas, cerca de la zona de búsqueda, minutos antes del programa. Según el relato del novio, Sofía habría sufrido un ataque de pánico, sacándose el regulador a 23 metros de profundidad, lo que la llevó a perderse en condiciones de extrema visibilidad reducida.
La investigación se centra en el rol del instructor y un dive master que acompañaban al grupo de siete buzos. Expertos como el doctor Mario Baudry destacan irregularidades: a esa profundidad, es inusual para principiantes sin supervisión estricta, y se menciona posible narcosis por nitrógeno que causa desorientación similar a una borrachera. El lunes, la visibilidad era de apenas 50 centímetros, lo que impidió que otras agencias salieran a bucear, pero esta embarcación aprovechó una breve ventana de viento calmado. El novio y el guía bajaron varias veces en busca de Sofía, requiriendo tratamiento en cámara hiperbárica por descompresión.
Se investiga posible negligencia, como la falta de cuerdas de seguridad o protocolos adecuados, ya que el buceo a 23 metros no es recreativo sino profesional. Todos los involucrados, incluyendo instructores y buzos, han declarado ante la fiscalía liderada por Alex Winian, sin imputados por ahora. La familia de Sofía llegó de Madrid y no dio declaraciones; el novio retractó acusaciones iniciales contra la prefectura por lentitud. Se espera autopsia y revisión del equipo para determinar si falló algo o hubo irresponsabilidad en una actividad de alto riesgo.
Detalles técnicos revelan que en pánico, el compañero debe inflar el chaleco compensador para ascender controlado, evitando expansión pulmonar que puede quebrar costillas. Vomitar es común por mareo, pero el regulador permite continuar respirando. La fiscalía reconstruye los hechos con nuevas declaraciones, asistiendo psicológicamente a los testigos conmocionados por el desenlace fatal de lo que empezó como una inmersión alegre.