Alan llega a Leiva Joyas con una reliquia: la camiseta usada por Roberto el Mariscal Perfumo en 1966, obtenida a través del utilero del club, cuñado de su tío, dada la fanatismo familiar por Racing. Quiere venderla para ayudar a su primo, mediocampista en tercera división de Racing, con botines, trámites de ciudadanía y alimentación para un posible salto profesional al exterior.
Alan comparte su pasión por el fútbol y sacrificio personal, habiendo soñado con ser jugador pero enfrentando obstáculos sin apoyo. Ve en esto una forma de proteger y guiar a su primo, cubriendo viajes, cortos y nutrición esencial para deportistas.
Los tasadores muestran intriga y emoción al revelar la camiseta con número, confirmando su autenticidad histórica como campeón mundial. La reliquia genera admiración, con comentarios sobre su valor incalculable para hinchas de Racing y el mercado, mientras Alan valida su procedencia tras años.