En la estación de Lanús, el vendedor ambulante comparte su rutina alterada por el paro. Habitualmente vende entre 60.000 y 70.000 pesos por día de martes a viernes, sumando sábados a la tarde, lo que le deja alrededor de 350.000 pesos semanales después de cubrir mercadería. Hoy, a esa hora, solo ha logrado 25.000 pesos, un 70% menos por la falta de flujo de gente en la estación vacía.
Explica que trabaja cinco días a la semana, descansando domingos y lunes como un panadero, y hoy llegó en bicicleta porque no hay colectivos. A pesar del feriado reciente y el paro, insiste en la necesidad de laburar: "Estamos complicados", dice, destacando el esfuerzo para rebuscársela en medio de la semana complicada.
La periodista Paula resalta su determinación, y el vendedor saluda a la gente, mostrando el espíritu de los que no paran ni en paro. Esto refleja cómo el transporte paralizado afecta directamente los ingresos de los ambulantes que dependen del movimiento diario en la estación.
El intercambio subraya la resiliencia de los trabajadores informales, que enfrentan no solo la ausencia de trenes y colectivos, sino también la incertidumbre económica en un día de protesta masiva.