En medio del cierre de la planta de FATE en San Fernando, trabajadores despedidos como Walter denuncian haber cobrado sueldos de alrededor de 1.700.000 pesos, pero con quincenas de solo 400.000 pesos debido a paros por falta de paritarias en 14 meses. La empresa redujo turnos de cuatro a dos y máquinas de ocho a tres o cuatro, afectando a más de 920 familias dejadas en la calle sin previo aviso, enterándose por un cartel en la puerta.
Los empleados relatan una producción que no justificaba el cierre, con camiones saliendo regularmente pese a rumores de crisis desde la pandemia. Hablan de retiros voluntarios que vaciaron la planta de 2.000 a menos de 1.000 trabajadores, pero ahora los despedidos temen no encontrar empleo, especialmente a los 40 años, con el mercado laboral hostil. "No está fácil la cosa", confiesa Walter, quien critica la reforma laboral como "un castigo para el laburante".
La llegada de organizaciones sociales y figuras como Beliboni al lugar suma presión al reclamo, mientras los trabajadores cuestionan la compra de terrenos por Aluar, filial del dueño, sin mostrar crisis real. "Siguen facturando", aseguran, y ven en el cierre un "industricidio" impulsado por la mentalidad del gobierno, con precios de neumáticos que suben sin bajar como prometía Milei. La conciliación obligatoria genera expectativa, pero el panorama es negro para recuperar puestos.
Entrevistado al final, Claudio Mora, con 18 años en la fábrica en mantenimiento e ingeniería, se suma al testimonio sobre la generación de energía y automatización, destacando el impacto en personal calificado ahora en la incertidumbre total.