Walter, un trabajador con 13 años en FATE, relata cómo la fábrica pasó de 2.000 empleados en cuatro turnos a solo 920, con despidos desde marzo de 2024, incluyendo 97 iniciales y más de 100 posteriores pagados a mitad. El retiro voluntario estuvo abierto hasta junio, pero el cierre llegó de sorpresa durante el feriado de carnaval, dejando portones cerrados y telegramas de indemnización.
El empleado, que ganaba alrededor de 1.700.000 pesos en el sector de armado de radios de camión, expresa angustia al ver fotos del cartel de cierre mientras estaba de vacaciones. Confía en recibir indemnización en plazos legales de cuatro días, aunque la conciliación obligatoria podría retrasarlo. Critica la falta de aviso, ya que ni el transporte de la empresa operó y los supervisores tampoco sabían nada.
Los trabajadores ocupan parte del predio en espera de novedades, con reuniones de delegados al mediodía. Walter, sostén de familia, planea buscar empleo en internet o invertir sus ahorros, destacando su cultura del trabajo pese a la incertidumbre. Rumores de cambios en turnos y máquinas paradas (solo 3-4 de 8 en su sector) indicaban crisis, pero el cierre fue planificado, con pancartas y cartas de documento preparadas.
Familiares angustiados apoyan, y los empleados exigen claridad sobre pagos, mientras la empresa afirma indemnizar a todos. El dueño, con múltiples compañías, es visto como distante ante el impacto en trabajadores con hasta 40 años de antigüedad, algunos cerca de jubilarse.