En medio de contactos indirectos entre negociadores iraníes y estadounidenses en Ginebra, las tensiones entre EE.UU. e Irán continúan escalando con un notable despliegue militar en la región. Se discuten temas clave como el programa nuclear y los misiles balísticos de Irán, que Teherán considera innegociables para no quedar inerme ante posibles ataques. Paralelamente, Washington mantiene la opción militar sobre la mesa, con el portaaviones Gerald Ford en la zona y refuerzos en Medio Oriente, mientras Irán fortalece sus instalaciones nucleares.
Las conversaciones, que duraron tres horas y media este martes, no lograron avances decisivos, con el principal negociador iraní afirmando que se acordaron principios rectores, pero un funcionario estadounidense insistiendo en que quedan muchos detalles por discutir. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karen Lieber, indicó que se espera más detalles de la posición iraní en las próximas semanas, sin confirmar si el presidente Donald Trump pospondrá una acción militar. Trump evalúa un posible ataque este fin de semana o en 10 días, combinando diplomacia con presiones como maniobras militares y envíos de armamento.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio planea viajar a Israel el 28 de febrero para informar al primer ministro Benjamin Netanyahu sobre las charlas. Netanyahu, en su reciente visita a la Casa Blanca, pidió incluir en cualquier acuerdo medidas contra los misiles iraníes y el financiamiento a grupos como Hamas y Hezbollah. El vicepresidente J.D. Vance ofreció una evaluación mixta, destacando líneas rojas de Trump que Irán no reconoce, lo que incrementa la preocupación por un conflicto regional mayor.
El presidente iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, ve una nueva ventana para el acuerdo, pero las posturas siguen distantes, con EE.UU. insistiendo en la vía diplomática abierta mientras refuerza su presencia militar, evocando tácticas históricas de "diplomacia del cañón".