Rusia vive una crisis económica agravada por la guerra en curso, sanciones internacionales y una caída del 24% en los ingresos por exportaciones de combustibles fósiles el año pasado. Esto marca un punto de inflexión en la política económica del Kremlin.
Históricamente, tras la crisis de los 90 y la desintegración de la URSS, la deuda pública rusa se redujo a menos del 10% del PBI en 2006 y se mantuvo por debajo del 20% desde entonces. Sin embargo, el gasto público ha aumentado mientras los ingresos energéticos caen.
Para financiar el déficit, el Kremlin recurre a un endeudamiento masivo, apostando por medidas que podrían alterar su estabilidad financiera a largo plazo.