La nueva ley laboral establece que los repartidores son trabajadores independientes, sin relación laboral con las aplicaciones o empresas, lo que agrava su vulnerabilidad al asumir solos aportes de seguridad social, seguros de trabajo y accidentes.
Expertos critican la oportunidad perdida de crear una ley moderna que aborde tecnologías como la inteligencia artificial y dinámicas laborales actuales, ya que la reforma se centra en facilitar despidos y reducir costos para empleadores, ignorando cambios coyunturales de hace 30 años.
El banco de horas permite trabajar hasta 12 horas diarias sin pago extra, compensable con días libres, pero genera preocupación por su impacto en vidas personales, segundos trabajos y cuidados familiares, especialmente en un contexto de escasez laboral y cierre de empresas.
Comparan con países desarrollados que reducen jornadas a cuatro días, mientras esta ley parece un retroceso a la era industrial, sin incentivos para jóvenes o adultos mayores, ni generación de empleo mediante menores cargas sociales para nuevos ingresos laborales.
Polémica por desvío de fondos de jubilaciones a fondos de despido, en lugar de usarlos para incentivar contrataciones, y críticas a políticas retrógradas que priorizan el control sobre los incentivos para productividad.