El doctor Julián de Diego explica que la reforma laboral no genera empleo directamente, pero facilita inversiones que sí lo hacen, describiendo un círculo virtuoso en cinco puntos. En primer lugar, ataca agresivamente el empleo no registrado, con ocho millones de trabajadores en negro o gris en Argentina, permitiendo la registración con costo cero, condonando deudas pasadas y ofreciendo franquicias y ventajas para ingresar al mercado blanco, especialmente para pymes.
Durante un tramo inicial, los empleadores de pymes (menos de 100 trabajadores) tienen condonados o gratificados los aportes y contribuciones, haciendo el ingreso al sistema más económico. El segundo punto moderniza la ley de contrato de trabajo frente a nuevas tecnologías como algoritmos, aplicaciones, robótica e inteligencia artificial, que sustituyen trabajadores, con unas 50 reformas para generar condiciones legales de empleo en este mundo digital.
El corolario es el Fondo de Ahorro Laboral (FAL), financiado con un fondo indisponible e inembargable, asegurando que el 80% del empleo en pymes (donde solo una quinta parte cobra indemnización por despido) reciba siempre su pago, independientemente de quiebras o cierres. Para trabajadores antiguos, el sistema se incorpora gradualmente, cubriendo indemnizaciones pasadas si los fondos lo permiten, incentivando la inscripción masiva de empresas.
Los trabajadores de aplicaciones como delivery y transporte de personas se consideran autónomos (monotributistas), excluidos explícitamente de la ley de contrato de trabajo en un capítulo especial. Respecto a la irretroactividad, los derechos adquiridos son intocables, pero los despidos futuros aplican la nueva fórmula del artículo 245. El recelo surge de inconsistencias jurisprudenciales, como la inclusión o no de aguinaldo y vacaciones en indemnizaciones, que la reforma aclara excluyendo lo no mensual para un cálculo lógico de un sueldo entero multiplicado por años de servicio.