En el estudio, continúan la preparación del solomillo con un hilito de materia grasa y lo dividen en porciones para el horno a 190-200 grados inicialmente, bajando a 180 grados para que termine de cocinarse. Mientras, improvisan una salsita agridulce con vinito, miel y frutillas congeladas del verano pasado, explicando por qué la fruta pierde consistencia al descongelarse debido a su alto contenido de agua.
Agregan fécula de maíz disuelta en vino para espesar sin grumos, manteniendo el sabor natural del vino y la dulzura de la fruta sin sal ni pimienta extra. El equipo bromea sobre el hambre y las fotos, y llaman a Jimmy Henrich para ayudar sin romper el plato, sacando la salsa cuando está espesa como cristal de Murano.
Pasan a preparar un acompañamiento con los últimos duraznos de temporada, caramelizándolos con manteca y miel fuera del fuego para no dañar sus propiedades, advirtiendo que la miel no se cocina en exceso porque hace mal. Intentan flambear con ron (vitamina R), pero se descontrola y prende fuego al piso, generando caos y risas, aunque insisten en no intentarlo en casa por seguridad.
Finalmente, arman el plato con el solomillo, la salsa de frutillas, la fruta caramelizada y un toque de canela, destacando cómo combina con el cerdo. Madame Papin menciona que roban semillas para ayudar con la digestión, y el equipo prueba y elogia el resultado antes de pasar a la siguiente parte.