En la estación de Constitución, el paro general deja calles vacías y un movimiento mínimo, similar a un feriado, con solo unas pocas líneas de colectivos operando como la 168, 28, 100, 60, 9 y 51. Trabajadores luchan por llegar a casa o al empleo, combinando opciones limitadas ante la paralización de subtes y trenes.
Entrevistas revelan dificultades: un hombre volviendo de turno nocturno espera la línea 51 desde Lanús, notando calles desoladas y desacuerdo con la medida, "Mal por ahora", mientras calcula demoras para llegar a las 9 de la mañana. Otros cambian rutas, como tomar la 100 en vez de la 53, adaptándose a la escasez de frecuencias.
Una mujer afortunada con la línea 51 funcionando normalmente expresa alivio, "No me afecta demasiado hoy", pero reconoce la suerte al no estar en una línea paralizada. Voces divididas: algunos apoyan el paro por ser trabajadores, otros lo ven como complicación innecesaria, insultando la medida mientras buscan alternativas.
El reportero destaca la atipicidad del escenario, con dársenas casi vacías y combinaciones obligatorias de dos o tres líneas, complicando traslados en una zona clave de cabeceras de línea C y ferrocarril, afectando masivamente a commuters diarios.