En la zona de Liniers, durante la novena hora del paro general, los pasajeros continúan esperando colectivos como la línea 8 hacia el Congreso, mientras algunos optan por Ubers costosos, como un viaje desde Morón que salió 15.000 pesos. Un extranjero radicado hace diez años en Argentina, dueño de un restaurante en Recoleta, critica la falta de respeto y el cansancio por las interrupciones constantes, destacando que la gente quiere trabajar sin paros ni tranqueras.
Los comercios comienzan a abrir lentamente: farmacias, pizzerías, negocios de condimentos y empanadas atienden al público y al delivery, aunque la mayoría permanece cerrada. El delivery reactiva con motos y bicicletas visible en las calles, y un repartidor confirma entregas a partir de las 10 de la mañana, cancelando pedidos pendientes por demoras.
El tren Sarmiento paralizado todo el día complica viajes a la zona oeste, pero la línea 8 circula ininterrumpidamente hacia el centro. La cantidad de pasajeros disminuye, reflejando el impacto en la movilidad urbana durante el paro convocado por gremios y organizaciones de izquierda.