En día de paro nacional, la Avenida General Paz muestra movimiento intenso hacia el centro de Buenos Aires, similar a un día normal, con mayor uso de autos particulares por la adhesión de colectivos, trenes, subtes, vuelos y recolección de residuos. No hay taxis tradicionales, pero apps de movilidad operan con tarifas altas por oferta y demanda. Hacia Riachuelo, flujo normal, pero menos colectivos reducen opciones para trabajadores que necesitan llegar a sus puestos.
En Constitución, la falta de recolección deja basura desparramada en veredas, con bolsas rotas por perros o personas revolviendo, generando un desastre visual y sanitario que se repite en la zona. La estación de trenes está cerrada con rejas y candados, locales comerciales como cafeterías, farmacia y comida rápida bajan persianas, dejando a la gente sin opciones para desayunar o refugiarse.
Solo unas pocas líneas de colectivos funcionan, como el 28, 168 y 100 de la empresa Dota (no adherida), con frecuencias bajas cada 20-45 minutos, causando aglomeraciones en paradas. Entrevistados relatan complicaciones: una pareja de La Plata, con carnet de discapacidad, llegó en tren desde retiro pero no puede volver por falta de servicios, quedándose varados tras vacaciones. Otra mujer de Avellaneda, vendedora de ropa en Flores, espera el 53 que no pasa y decide regresar a casa, sin subte ni alternativas viables.
El movimiento en dársenas recuerda la pandemia, con solo 10-15% de actividad normal; trabajadores de zona sur llegan pero no avanzan, pegando vuelta ante la imposibilidad de continuar. La situación complica el regreso post-vacaciones y el acceso laboral, afectando a miles en un día de adhesiones masivas.