El paro de la CGT mantiene de rehenes a personas que regresan de vacaciones, con aviones, trenes y colectivos paralizados, dejando a miles varados en distintos puntos del país. Los costos económicos ascienden a 575 millones de dólares, según cálculos del Ministerio de Economía, con un contador en vivo mostrando el impacto minuto a minuto.
Funcionarios como Núñez, cercano a Caputo, fogonean el número en redes para resaltar las pérdidas. El acatamiento es alto gracias a la adhesión de transportes, pero genera dificultades para medir el real impacto, ya que sin movilidad pública es imposible para muchos llegar a sus trabajos.
El gobierno critica el paro como perverso, argumentando que dificulta el trabajo diario de quienes viven del changas, como vendedores ambulantes. Gremios miden su propio acatamiento, con cifras como el 45% en trenes reportado por Sobrero, y se habla de aprietes para desalentar la medida.