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Paro general de CGT paraliza transporte público en Buenos Aires con pocas líneas funcionando y debate sobre su efectividad tardía

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El paro nacional de 24 horas convocado por la CGT deja las calles de Buenos Aires desoladas en materia de transporte público, sin colectivos, subtes ni trenes desde la medianoche. Reportes en vivo desde estaciones como Once y Constitución muestran cierre de accesos, controles policiales y movimiento mínimo, con adhesión evidente en la falta de pasajeros y unidades. Solo líneas del grupo Dota, como la 91, 100, 101, 6, 7, 8 y 9, prestan servicio reducido, aunque con frecuencias alteradas por la medida de fuerza. La CGT lo impulsó por presión de las bases ante la reforma laboral, pero expertos cuestionan su timing, argumentando que debió hacerse durante el debate en el Senado para mayor impacto.

En el debate televisivo, se analiza si el paro beneficia políticamente a la CGT o es mera demostración de fuerza, especialmente tras acuerdos con el gobierno sobre obras sociales y el retiro del controvertido artículo de licencias médicas que recortaba salarios por enfermedad. Mensajes de espectadores revelan miedo a represalias o inseguridad para viajar distancias largas sin transporte, sumado a apps de trenes engañosas que simulan normalidad. Estacionamiento libre en Capital Federal facilita autos particulares, pero el impacto golpea a trabajadores informales y monotributistas que pierden días de ingresos en esta semana corta por feriados de carnaval.

Se discute el cierre de empresas como FATE en Córdoba, mal administrada según analistas, y casos similares como Hilados S.A. del grupo TN Platex en concurso de acreedores, atribuidos a políticas de libre mercado sin proteccionismo industrial. La pérdida económica se estima en 600 millones de dólares, equivalente al 1% del PBI, afectando impuestos y productividad. El peronismo aparece debilitado sin líder fuerte, mientras la CGT actúa como su brazo movilizador, comparada con épocas de Ubaldini, aunque sin el mismo aval social actual. El gobierno planea sanciones a gremios como UTA y considera quitar personería jurídica.

La agenda de Javier Milei en Estados Unidos persiste pese al paro, destacando su estilo disruptivo. Críticas al retiro tardío del artículo de licencias señalan un error político grave que erosionó al gobierno, tocando el bolsillo de clases media-bajas similar al corralito de 2001. Dota no adhiere por historia familiar del presidente y delegados opositores, permitiendo algo de movilidad con taxis y combis, pero la sociedad acompaña por fuerza más que convicción, priorizando el trabajo ante descuentos por ausencias.