María Fernanda Callejón, figura querida del medio artístico, está rematando todos sus muebles a través de historias de WhatsApp para lidiar con una interna familiar complicada por la separación de Ricky Negro. No lo hace público en Instagram para privacidad, ofreciendo cama, sillas, mesas y respaldar en fotos desordenadas que muestran urgencia, desde su linda propiedad en zona norte con jardín que ya no puede mantener.
La casa, escenario de discordias con el padre de su hija por mudanzas y cercanía al colegio, fue vendida judicialmente para cancelar un crédito UVA a 30 años que acumuló deudas de casi 100 millones de pesos más intereses, convirtiéndose en una bola de nieve. La pareja no se ponía de acuerdo en pagos de cuotas, alimentos ni bienes como la camioneta, dejando a la hija como la más perjudicada al tener que mudarse y perder vínculos.
María Fernanda pagaba su parte de las cuotas mientras Ricky no cumplía, pero el banco cobraba a ambos, incrementando punitorios. La venta cubre la deuda exacta, sin sobrante para las partes, forzando a Callejón a desprenderse de muebles por necesidad económica y mudanza a un departamento en Buenos Aires. Hay una causa paralela de violencia de género sin acuerdo, y el equipo contacta a Callejón para detalles del nuevo acuerdo.
La relación se afianzaba en salidas casuales como un restaurante en Pilar por salud de la hija y un cumpleaños, pero la separación disuelve la convivencia. Ahora, resuelto lo inmobiliario, surge otro conflicto por resolver en esta interna familiar polémica.