El acceso a materias primas críticas como litio y tierras raras es crucial para la transformación hacia una economía sostenible y digital en la UE, superando la importancia del petróleo y gas. Se destaca el giro sin precedentes impulsado por el Pacto Verde, que requiere recursos como cobalto, bauxita y germanio, muchos disponibles en Europa, pero con críticas por el impacto ambiental y el enfoque en el crecimiento económico. Voces locales cuestionan la 'transición verde', viéndola como una excusa para expandir la minería destructiva.
En Bruselas, durante la Semana de Materias Primas, los negociadores de la UE llegaron a un acuerdo sobre la ley que acelera aprobaciones mineras para cubrir el 10% de las necesidades internas, manteniendo estándares ambientales pero permitiendo minería en áreas protegidas por interés público superior. Se excluyó el requisito de consentimiento previo (FPIC) para pueblos originarios y comunidades afectadas, lo que generó decepción entre activistas. Expertos destacan que el sector militar, como el F-35 que requiere 415 kg de tierras raras, impulsa la demanda más allá de la transición energética.
Protestas crecen en lugares como Alconchel, España, contra proyectos mineros, con demandas de participación democrática y protección de derechos indígenas. Activistas argumentan que la verdadera solución no es más minería, sino reducir emisiones de CO2 mediante cambios sociales, eficiencia y decrecimiento económico para evitar un colapso ecológico forzado por la naturaleza. La industria se presenta como indispensable, pero críticos exigen repensar el uso de recursos y apoyar estilos de vida sostenibles de pueblos originarios en todo el mundo.