El diputado Juan Grabois no aparece en medio del paro porque está en Cuba, invitado por el Partido Comunista. Se reunió con el presidente Díaz-Canel, altos funcionarios y la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, trayendo un borrador de acuerdo de cooperación política entre el Frente Patria Grande y el partido cubano.
Críticas llueven por su ausencia laboral: faltó a sesiones en Diputados, cobrando sueldo público con fueros, mientras el pueblo enfrenta luchas. En lugar de dialogar con disidentes como las Damas de Blanco, cuyas familias sufrieron décadas de prisión, optó por sentarse con el dictador, ignorando violaciones a derechos humanos que él denuncia en Argentina.
Se cuestiona si el pasaje lo pagó el gobierno cubano ante problemas logísticos para llegar a la isla. "Qué manera de vender humo", dicen analistas, ya que Cuba no puede ni dar un vaso de agua, y Grabois prioriza giras exóticas sobre apoyar al pueblo trabajador que dice representar.
El viaje resalta hipocresía: defiende derechos contra dictadura argentina pero calla sobre presos políticos cubanos, mostrando afinidad con regímenes autoritarios en vez de democracia.