El noticiero Clave Argentina abre con una edición especial en la calle por el paro general convocado por la CGT sin movilización, destacando el impacto en el transporte público. Los conductores reportan ausencia casi total de colectivos, trenes cancelados y aeropuertos paralizados, dejando a muchos trabajadores sin opciones para movilizarse. En el trayecto al canal, solo se vio un colectivo de la línea 84 operando, mientras que empresas como Dota no adhieren pero no se observan en las calles. Trabajadores entrevistados relatan esperas prolongadas y recorridos peatonales para subirse a las pocas líneas que funcionan, como el 51 de Zona Sur, que opera gracias a la no adhesión de la UTA.
Entrevistas en la parada de colectivos en Constitución revelan sacrificios diarios: una pareja de obreros de la construcción de Lavallol esperó 20-25 minutos por el 51, que llegó vacío, y planeaban usar Didi si fallaba, costando 25 mil pesos. Cobran por semana y temen perder el día entero por el paro, calificándolo de garrón que agrava su situación económica. Otro trabajador de seguridad privada, también de Lavallol, se levantó a las 4:20 AM, caminó 25 cuadras hasta tomar el 79 y espera el 60, tardando 2 horas en llegar a Constitución en lugar de su rutina habitual en tren y bicicleta. Trabaja 12 horas diarias y no puede faltar sin perder viáticos, presentismo y descuentos que suman 200 mil pesos.
La discusión en estudio profundiza en la reforma laboral impulsada por el gobierno, que promete más contrataciones en blanco pero genera dudas sobre la pérdida de derechos. Periodistas contextualizan que muchos entrevistados, como Lola de seguridad privada con recibo de sueldo y sueldo básico de 1.400.000 pesos más 350.000 en extras por 12 horas diarias de lunes a sábado, desconocen los detalles de la reforma y priorizan llegar al trabajo para no perder ingresos. Un constructor de 52 años de Loma de Zamora, en negro hace 4 años tras 21 en el rubro, la califica de desastre que los deja más jodidos, trabajando 9 horas más 3 horas de traslados diarios, siendo el único sostén de familia con hija y nieto. La fila en la parada crece con esperas de 30-45 minutos por el 60, evidenciando frecuencias reducidas y la urgencia de los trabajadores por no resentir su economía precaria.