José Fulugoño reporta en vivo desde Liniers sobre el impacto del paro general en la mañana: entre las 5 y 7 AM hubo movimiento de pasajeros buscando colectivos, con líneas como el 8, 21, 28 y 106 ofreciendo servicios reducidos, representando menos de la mitad de lo habitual. Los trenes no funcionaron en toda la mañana, impulsando el uso de apps como Uber y motos, con un costo de 15.000 pesos para un viaje de Morón a Liniers.
A partir de las 8 AM, algunos comercios abrieron tímidamente, alcanzando un 70-80% de apertura en la zona, pero con muy poco movimiento de gente. Entrevistas callejeras revelan esperas por colectivos hacia Retiro o clínicas, con personas que optaron por transporte público irregular en lugar de trenes parados, y apoyo emocional para una padre cuya hija está internada. La línea 8 reemplaza parcialmente el tren, dejando a los pasajeros en puntos similares.
En las calles de Liniers, custodia policial vigila por vendedores ambulantes ya retirados. Comercios como pizzerías tradicionales reportan solo un 10% de clientela habitual, con deliveries de comida rápida activándose desde las 10 AM. Vidrieras abiertas incluyen fast food, ropa y pet shops, pero el corazón del barrio hacia la terminal de ómnibus cerrada muestra más cierres y saberos, con empleados reacios a hablar y propietarios locales abriendo por proximidad.
En una entrevista exclusiva a dueños de un comercio de ropa, confiesan cero movimiento desde la apertura a las 10 AM, sin ventas ni ingresos, planeando cerrar temprano a las 17:00 pese a la esperanza de un cliente para una camisa. Negocios de empanadas y alimentos enfrentan ventas mínimas, destacando el vacío general en un día de paro que paraliza la rutina porteña.