La huella Comodoro II se ubica en el límite de la playa entre Belvedere y La Herradura, a unos 15-20 km de Comodoro Rivadavia y dos millas marinas de la costa. Su objetivo principal es formar parte del observatorio del Golfo San Jorge, proporcionando datos esenciales para biólogos y científicos locales que analizan el comportamiento del ecosistema marino.
Esta boya, la segunda instalada por el CIDMAR Austral en el proyecto del Instituto Oceanográfico, fue fondeada hace 15 días y equipa sensores ambientales para medir variables como viento, temperatura, radiación, clorofila y productividad primaria. Además, incluye sensores de hidrocarburos para monitorear la contaminación en una zona clave de carga de petróleo, con antecedentes de derrames que justifican la necesidad de información base para un uso sustentable de recursos como la pesca y maricultura.
La investigación científica se presenta como herramienta rigurosa para conocer y proteger el mar, complementada por el ecoturismo. Se destacan puntos de buceo como paredones en lovería y La Tranquera de Corta en Punta Peligro, a lo largo de la Ruta Azul, que une Camarones en Chubut con el Parque Nacional Monte León en Santa Cruz, abarcando todo el Golfo San Jorge. El interés por estas actividades crece anualmente entre locales y turistas.
El buceo en el Golfo ofrece condiciones cambiantes por el clima y el mar, requiriendo entrenamiento en días variables para mayor destreza. Bajo el agua, se descubren maravillas como el calamar, famoso por su camuflaje mediante cromatóforos que cambian pigmentos y reflejan luz ante amenazas. Estas actividades turísticas aportan a valorar y respetar la vida marina.
Se reflexiona que Argentina ha dado la espalda al mar, usándolo poco y mal, pero las percepciones cambian: la gente de Comodoro Rivadavia comienza a conocer sus riquezas naturales más allá del petróleo, que ha sido el recurso principal por un siglo. El desafío es entender el Golfo para lograr su sustentabilidad en el Atlántico Sur.