En la larga fila del colectivo 32 hacia Pompeya, una trabajadora de un comercio de electrodomésticos y muebles revela que salió 15 minutos antes por el paro, planeando llegar a las 9. Toma esta línea todos los días y, aunque el tren no funciona, prefiere alternativas como app de auto compartido si falla todo: "Se buscan", dice.
Explica que su jefe contemplaría un retraso por el paro, y no le descontarían el día. Esto muestra la adaptación de los commuters, que priorizan el trabajo pese a las complicaciones, con líneas como la 32 funcionando pero con demoras.
Otra entrevistada va hasta Onté en colectivo que la deja a 5 cuadras de su empleo, llegando a las 9:30. Sale con margen porque normalmente vienen cada 10-15 minutos, pero hoy todo es incierto. La periodista insta a los jefes a ser flexibles: "Si llegás tarde, contemplenlo".
Estas charlas en la calle pintan un panorama de determinación: la gente rebusca con remises, bicis o caminatas, negándose a que el paro los detenga del sustento diario.