Las costas del Golfo San Matías representan un sitio esencial de alimentación para aves playeras migratorias que recorren largas distancias desde la Patagonia hasta Canadá y Alaska. Cada verano, estas playas atraen turismo, pero la actividad humana amenaza a estas especies vulnerables. Desde 2010, la Fundación Inalastien organiza el Festival de las Aves Playeras Migratorias para sensibilizar a la comunidad local, regional y nacional sobre la importancia de conservar estos hábitats.
El festival busca generar conciencia sobre la presencia de nidos, tiempos de migración y la necesidad de respetar la naturaleza, destacando el rol de la bahía como paso clave para varias especies. Expertos explican cómo las aves playeras, conocidas como teritos de mar, se alimentan de invertebrados en zonas intermareales expuestas por la marea baja, utilizando picos sensibles a ondas de presión para detectar presas enterradas.
Se observan comportamientos específicos: ostreros en orillas acuáticas para termorregularse recibiendo olas, mientras chorlitos de doble collar prefieren zonas secas, ocupando nichos ecológicos distintos. El ir y venir de las olas atrae anualmente esta diversidad aviar, enfatizando la armonía en microhábitats durante pleamares y bajamares.
La llegada de predadores como gavilanes altera esta paz, provocando alertas colectivas: las bandadas escapan, giran en el aire o realizan vuelos de reto, dividiéndose en grupos para evadir el peligro. Los ostreros actúan como vigías, alertando a las demás aves ante amenazas aéreas.