El CEO de Neumann anticipa cierres como el de Pirelli y otras empresas en Argentina, destacando el caso de FATE que acaba de cerrar sus puertas. Las tres grandes fábricas de neumáticos, FATE, Bridgestone y Pirelli, enfrentan un futuro incierto; mientras FATE cierra, las multinacionales podrían importar productos y usar su red de distribución sin anunciar cierres definitivos. 920 trabajadores de FATE quedan en la calle, un golpe histórico para una empresa de 80 años que sobrevivió crisis anteriores pero no a la política actual.
Hace apenas tres años, bajo el gobierno de Alberto Fernández, Bridgestone repartía dividendos a empleados, mostrando condiciones favorables que ahora se han revertido. La falta de condiciones para operar, sea para multinacionales o locales, lleva a esta realidad de parálisis industrial. Se menciona el caso de Stellantis, que ya paró producción en diciembre y frena hasta marzo en su planta del Palomar para Peugeot y Citroën, sumándose al desastre de suspensiones en automotrices y otras firmas como ILVA e Hilba.
El gobierno de Milei es acusado de eficiencia solo en inventar culpables ridículos, como decir que empresas cierran para jorobar al presidente o presionar por negocios. Es un industricidio evitable, comparado con políticas proteccionistas de Trump y advertencias de Marco Rubio sobre los peligros de la desindustrialización. La crisis empezó en textil, pasó a línea blanca y ahora llega a neumáticos, cuestionando qué sector sobrevive con este esquema macroeconómico.
Empresas emblemáticas como Molinos Río de la Plata y Fate, visitadas e inauguradas por Néstor y Cristina Kirchner con énfasis en producción y empleo nacional, ahora caen. El ahorro en un lado impacta al otro, y símbolos como auspicios de casas de apuestas en camisetas de Boca y River reflejan la nueva realidad. Vaticinios de cierres masivos por falta de reinversión en momentos favorables agravan el panorama.