Ayer, coincidiendo con el debate de la reforma laboral, FATE anunció el cierre de su planta en Argentina tras 84 años de operación, dejando en la calle a 920 empleados y sus familias. El dueño, Madana Esquintanilla, atribuye la decisión a la imposibilidad de competir en una economía abierta, con importaciones de cubiertas de otros países que reducen la brecha de precios a un 20%, sumado a problemas sindicales.
La empresa, acostumbrada a un mercado cerrado donde fijaba precios libremente, ahora enfrenta desafíos en un entorno más competitivo. El anuncio, un día antes de la sesión en Diputados, se vincula al paro nacional y la reforma que elimina protecciones laborales, exacerbando el conflicto con los trabajadores que resisten en la fábrica y rutas.
Los afectados destacan que la medida deja a cientos sin sustento, en un contexto de economía dolarizada y apertura que beneficia importaciones, mientras el gobierno promueve cambios que facilitan estos cierres.