El aeropuerto Ezeiza amanece como un gran dormitorio, con cientos de pasajeros durmiendo en sillones, áreas gastronómicas y cargadores, tras cancelaciones masivas por el paro de CGT que paraliza vuelos nacionales e internacionales.
Solo unos pocos embarques ocurren, como un vuelo a Chile demorado una hora, mientras carteles muestran la mayoría de vuelos en rojo; pasajeros como familias y individuos esperan hasta el sábado sin reembolsos claros de aerolíneas.
En zonas como el área gastronómica, la gente se abriga con mantas y come de máquinas expendedoras por falta de personal; la espera es dulce pero angustiante, con pocos como Giesmar autorizados a partir, dejando a la mayoría conectada a celulares y varada.
Se insta a consultar apps y correos para actualizaciones, destacando el caos en un aeropuerto inteligente pero saturado, donde el personal escaso agrava la situación.