En el Parlamento Europeo, la diputada Hildegard Ventele defiende la necesidad de minerales críticos como el neodimio y el litio para las energías renovables y alcanzar el Pacto Verde, que busca la neutralidad climática para 2050. Critica que el debate se centre en la minería en áreas protegidas, ya permitida por ley, y aboga por una legislación que impulse la extracción en Europa para reducir la dependencia de importaciones chinas.
Sin embargo, surge una contradicción en la política ambiental: el Pacto Verde promueve el "crecimiento verde" para desvincular el consumo de recursos del PIB, pero requiere más extracción minera. Expertos cuestionan si la "minería sostenible" es real, comparándola con problemas en Perú donde comunidades temen por su agua y sustento, y alertan que en Europa se ignora el diálogo con afectados, como en el caso de la mina de cobre en Extremadura, España, opuesta por plataformas ciudadanas por violar normativas de Red Natura.
En el norte de Suecia, la mina Per Geijer de LKAB alberga el mayor yacimiento de tierras raras de Europa, esencial para motores eléctricos, pero amenaza la cultura sami. Los pueblos originarios sami, como Mati, denuncian que la minería destruye su tierra ancestral, bloquea rutas de renos y viola el consentimiento libre, previo e informado (FPIC). La ONU instó a Suecia en 2025 a otorgar más derechos a los sami, pero la expansión minera podría acabar con su tradición ganadera, vista como "colonización verde".
En Kiruna, la subsidencia del terreno por la mina de hierro obliga a reubicar la ciudad, ilustrando impactos irreversibles. Activistas como Diego Marín, tras visitar Perú, cuestionan el extractivismo en Europa, donde políticos en Bruselas priorizan el crecimiento económico sobre la sostenibilidad real, dejando comunidades locales en una lucha David contra Goliat.